El curioso caso de El Reloj de Güigüe

El curioso caso de El Reloj de Güigüe

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El curioso caso de El Reloj de Güigüe

Según cuenta la historia en 1920, un extraño reloj fue llevado ante el benemérito, una pieza regalada por Antonio Pimentel que sería trasladada por Gómez a su hacienda en El Trompillo. Tras la muerte del general Gómez, este místico artefacto quedó en la plaza Ávila de Güigüe.

Este reloj es exclusivo en el mundo, existen pocos. Cuenta con un barómetro y posee dos placas. Sin embargo, lo histórico de este reloj no es únicamente su origen. Una serie de leyendas han sido tejidas acerca de este reloj en Carabobo.

La primera persona involucrada en la leyenda fue el italiano Salvatori Consoli, quién consiguió no solo reparar el reloj sino también mantenerlo funcionando por unos años, sin embargo, a inicio de los años 40, decidió volver a su tierra natal muriendo en un bombardeo.

Tocando ligeramente lo absurdo, la segunda historia que se conoce es la de Andrés Mijares, un funcionario conocido de Salvatori que intentó reparar el reloj y que según cuentan 24 horas después de haberlo puesto a funcionar murió justo cuando el reloj marcó la hora de su muerte.

Hubo una tercera, se trata de Juan Lorenzo, quien corrió el mismo destino. Pero la última víctima avivó aún más la leyenda, el suizo Crónida Piaget quien llegó a obsesionarse con la historia del reloj, estudiando por largo tiempo el funcionamiento llegando a pensar que tal vez contenía un componente tóxico.

El obsesivo suizo viajaba todas las tardes a Güigüe para observarlo, decidió presentar una solicitud para analizarlo por partes, sin embargo, tuvo que regresar a su tierra por problemas de salud  de su esposa.

Crónida emprendió su viaje a casa con la esperanza de cumplir su meta, pero en Madrid, España, la Guardia Civil consiguió el cuerpo sin vida del suizo, determinaron que la hora de fallecimiento de Crónida Piaget fue a las 3:01 p.m., hora que marcaba el reloj en Güigüe cuando dejó de funcionar.

Según cuentan el misterio inexplicable corresponde a una maldición lanzada por Juan Vicente Gómez. El benemérito habría hecho esto  pensando en el desmantelamiento de su amada hacienda El Trompillo.

Fuente: Notitarde.

Autor: Katiusa Casanova

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