43 años del decreto del Parque Nacional Morrocoy

43 años del decreto del Parque Nacional Morrocoy

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A pesar de todo esto, la belleza de las arenas y aguas en este punto norte de latinoamérica encuentran la forma de regenerarse

decreto del Parque Nacional Morrocoy

Un 26 de mayo de 1974, los cayos en las azules aguas del estado Falcón finalmente fueron declarados Parque Nacional por decreto de Carlos Andrés Pérez. Un paraíso natural con  32.090 hectáreas bañadas por el mar Caribe

Este parque se extiende tanto por zonas terrestres como las partes acuáticas del Golfo Triste, además contiene una zona de manglares y gran cantidad de islotes o cayos.

En sus 43 años, si bien ha visto óptimas y decadentes temporadas, las desmejoras de este parque en su mayoría se deben a la contaminación producida por turistas, mala distribución de recursos para el cuidado, falta de personal y en cierto modo, la inseguridad que aqueja al parque.

A pesar de todo esto, la belleza de las arenas y aguas en este punto norte de latinoamérica encuentran la forma de regenerarse y se imponen como siempre dejando sin palabras por sus parajes.

Los cayos del Parque Nacional Morrocoy son pequeñas islas o islotes que se encuentran a cortas distancias en su mayoría.

Por décadas el parque ha sido uno de los destinos más deseados de las playas venezolanas, no es para menos, basta pensar en la blanca arena y el ambiente tranquilo de Playa Azul (uno de esos cayos) para entender que este paraíso es una obra perfecta de la naturaleza.

Las playas de Morrocoy son cayo Sombrero, Playuela, Playuelita, cayo Alemán, Mayorquina, cayo de Pescadores, Playa Mero, Punta Brava, Boca Paiclás, Boca Seca, los Juanes, Bajo Caimán, Tucupido y cayo Sal.

Pero, Morrocoy es una reina de belleza sobreexplotada. Ni turistas ni gobierno parecen entender la complejidad y fragilidad del ecosistema que allí hace vida, porque más allá de tratarse de la apariencia, este parque se llama así por la diversidad biológica que allí acobija y que lamentablemente, ahora corre peligro.

A pesar de las jornadas de limpieza, el cuidado del parque es insuficiente y su existencia se encuentra en un momento de fragilidad. Requiere conciencia, fondos y buena organización mantener uno de los parajes más hermosos de Venezuela

Autor: Katiusa Casanova

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